Bruno PAGLIANO

 

El que deambula en lo cotidiano por zonas intermedias o se funde con el fondo de algún gris que le sienta bien con su traje, no lo entenderá. Y si esto es un intento por balbucear algo, ya que en todos los casos siempre las palabras se agotan en lo mismo, respecto de la obra de éste artista, tampoco las comprenderán.

Por los límites es demasiado  difícil  caminar sin complicaciones cuando el perímetro está siempre bien marcado por profundas experiencias, esa cuestión está más que clara. Pero a pesar de lo angustioso de jugar siempre con el precipicio a derecha o izquierda, supo poder volcar en su obra lo más íntimo de su ser, para luego hacer de aquello el punto de partida para lograr una estética propia.

Toda producción artística está guiada desde el interior de cada sujeto, algunos pintores logran darse cuenta de esto y fluyen con sus sentimientos, otros no. Las obras de Bruno muestran su propio fluir, sus viajes más íntimos hacia lugares por demás de recónditos y aunque algunas veces se tornen demasiados angustiosos, provocando en nosotros sensaciones amargas difícil de digerir, nos permiten  acompañarlo en sus propias desterritorializaciones, en sus fugas sobre el lienzo.

Sutil o carnalmente son representadas, la muerte, la sexualidad, la infancia, el amor, y lo absurdo de muchas de las convenciones sociales que reprimen nuestros deseos o la anacronía de instituciones apolilladas en oscuros cajones. Con los colores de su paleta hace que todo comience de nuevo de otra manera. Dejándose llevar sobre diferentes materiales que le sirven de soporte para volcar sus ideas, crea un mundo más plástico donde podemos jugar con las diferentes formas, símbolos y abstracciones. Una multiplicidad de sentidos se pueden esgrimir sobre tal o cual trabajo y aunque contradictorios entre sí a simple vista, no los son en realidad, ya que el verdadero sentido de una obra de arte es comunicar y por consiguiente ampliar la conciencia de lo que es posible.

 

Franco Bordes